UNA GRAN BRECHA
Antonio
Cornejo Polar (Arequipa, 1936 - Lima, 1997) notable y reconocido maestro de las
letras, intelectual y crítico; desarrolló una intensa actividad promocional de
las artes causando una revolución en la crítica peruana. Famosamente conocido
por la teoría de la heterogeneidad literaria y cultural hispanoamericanas,
semillas que cultivó con esmero durante su vida. Once obras fueron su legado
intelectual, cuyos temas enfocarían la observación de la obra literaria como
producto de la lucha de clases y de qué modo el enfrentamiento de los grupos
sociales en pugna, queda testimoniado en el hecho artístico y literario. Su
magisterio sigue y seguirá vigente a través de sus escritos, su herencia
cultural, su calidad integral y su humanidad orientadora. Uno de sus ensayos
escrito en 1997 -año en que fallece el escritor- “Apuntes sobre mestizaje e
hibridez: los riesgos de la metáfora” aclara la peligrosa utilización de estos
dos términos, para hacer una errónea referencia a los ámbitos de cultura y literatura latinoamericanos;
por otro lado, problematiza el hecho de la excesiva utilización de la lengua
inglesa y sus cánones, en la elaboración de textos y crítica, lo que está
llevando a un “desdichado y poco honroso final del latinoamericanismo”.
El
texto inicia con una reflexión sobre el estado en el que se hallan los estudios
literarios y culturales en Latinoamérica, inclinados al uso de metáforas y
préstamos conceptuales que alejan el verdadero sentido, realidad y pertinencia.
Si bien existe un mestizaje entre pueblos latinos y europeos, este no
necesariamente recae sobre aspectos de cultura y literatura, pese a la llamada
interculturalidad, muchos valores, propios de nuestra Latinoamérica quedan
excluidos, falsificados de la verdadera identidad y las contribuciones que esta
conlleva, se ilustran ilusas sociedades que se separan cada vez más de nuestro
discurso identitario. ¿Se debe elevar a materia de exportación el pensamiento
propio? Las metáforas revelan un sentido de conversión que integra lo propio
con lo ajeno; en la producción del discurso se entretejen tanto personas,
como ideas e identidades, en una mezcla
e hibridación.
La carencia de diálogo entre los estudios sobre cultura que
se producen en Norteamérica, con los producidos por latinoamericanos -sea porque
lamentablemente las producciones se desconocen, no se traducen o llegan
tardíamente- acarrea a que muchos de nuestros intelectuales se desplacen a
tierras del norte, formando un latinoamericanismo fuera de Latinoamérica.
Cornejo Polar deja en claro el preocupante hecho de la existencia de una
extraña jerarquía en la que los textos en idioma extranjero –particularmente el
inglés- gobiernen el campo general de los estudios hispanoamericanos.
El
enfoque que se presenta, no es en sí la problemática del idioma, sino el hecho
de la marginación que se hace a los textos producidos en español, Cornejo Polar
afirma:
“Por supuesto
que no intento ni remotamente postular un fundamentalismo lingüístico que solo
permitiría hablar de una literatura en el idioma que le es propio, pero sí
alerto contra el excesivo desnivel de la producción crítica en inglés que
parece -bajo viejos modelos industriales- tomar como materia prima la
literatura hispanoamericana y devolverla en artefactos críticos sofisticados.”
(Cornejo Polar 1997:69)
Se pone
de manifiesto lo alarmante de la situación, y es justamente por aquella
importación de saberes extranjeros que inicia la pérdida gradual de la
capacidad autocrítica y el dramático declive en los niveles de empleo del
idioma español. Cornejo Polar afirma: […] “Me siento algo arqueológico al
decirlo, pero la verdad es que tengo nostalgia por aquellas antiguas épocas en
las que la primera obligación del profesor y / o estudiante de español, pero
también su máximo orgullo, era dominar a la perfección el español” (1997: 72).
El texto exhorta al joven latinoamericano a la manifestación de sus escritos,
de sus propios puntos de vista, a ahondar primero en la lengua en que crecieron
y se formaron.
No
permitir ni dejar que los textos nacionales sean la materia prima de
extranjeros, no ser los proveedores de ideas, se deben situar nuestros
discursos en nuestras propias corrientes, bajo nuestras realidades y cultura.
No reemplazarlos por prácticas y modelos distintos y distantes, por cánones preestablecidos,
siguiendo su ritmo, sus matrices. Leer, escribir, entender e interpretar desde
nuestro enfoque, trabajar en razón de responder a las necesidades de nuestro
mercado académico y de interlocutores latinoamericanos.
Lo valioso sería cruzar las fronteras lingüísticas y
culturales y ser capaz de interactuar directamente con lo original; existe
una salida emergente y es aquella que pide renovar nuestra literatura
Latinoamericana a través de nuevas propuestas narrativas, relacionada a la
verdadera indagación estética, buscando y construyendo su propia legitimidad,
la originalidad en los temas, que afirmen nuestra autonomía. Se debe hablar de
interculturalidad y no aculturación, donde no se domine o imponga, sino se
intercambie; donde la cultura local no se vea anulada, sino que viaje en el
contexto mundial, ampliar la discusión, no cegarla.
Brisa de mar

